Enamorarse de aprender (y de enseñar)

Enamorarse de aprender (y de enseñar)

Sin emoción no hay aprendizaje.

La neurología lo dice claro, todo aquello que se asocia a una emoción se aprende más intensa y eficazmente.

Y es que aprender es un poco como enamorarse, además estamos preparados biológicamente para ello.

¿Cómo se produce el aprendizaje? Probablemente es una pregunta muy difícil de contestar de forma sencilla, pero podemos intentarlo.

Nuestro cerebro está repleto de pequeñas neuronas que se comunican mediante un proceso llamado sinapsis. La sinapsis es como un chispazo entre neuronas provocado por una reacción química y eléctrica. Cuantas más veces se produce ese chispazo más se consolida el aprendizaje. Y muchas sinapsis crean muchos caminitos entre neuronas uniendo todas las cosas que sabemos. ¿Os hacéis una idea?

Imaginemos que tocamos algo caliente. Nuestro cerebro registra una sensación, sin más. Luego volvemos a tocar algo caliente. Nuestras neuronas se ponen en marcha para buscar esa sensación en la red de neuronas y volverla a registrar. Así aprendemos el calor.

Ahora imaginemos que al tocar algo caliente nos quemamos. ¿Creéis que el aprendizaje es el mismo? Evidentemente no. La reacción que se produce es mucho más intensa y eficaz.

Pues en positivo funciona igual. ¿Podéis imaginar el potencial en los niños que están en plena efervescencia neuronal? Pero es que además el propio aprendizaje produce una intensa emoción. Seguro que alguna vez os habéis fijado en la cara de emoción y sorpresa de un niño pequeño que consigue encajar unas anillas por primera vez o tira algo con mucho ruido y como quieren repetirlo (consolidar el aprendizaje) una y otra vez.

O como cuando no podemos dejar de leer un libro, acabar un puzle o escribir sobre algo que nos apasiona. Literalmente no podemos parar hasta que baja la emoción.

¿Por qué los Erasmus aprenden el idioma del país donde van tan bien? Porque su motivación de socializar consolida el aprendizaje muy, muy efectivamente.

Lamentablemente también es el mecanismo por el que el conductismo y sus métodos para hacer dormir y castigar o pegar también funcionan, pero claro el precio es el aprendizaje basado en el miedo, la frustración y la sumisión al fuerte. No parece buena idea.

¿Puede un niño triste aprender? ¿Uno que no quiere ir al colegio? ¿Un niño desmotivado? Evidentemente puede, pero probablemente su aprendizaje será poco duradero, poco comprensivo o doloroso.

Hoy un es día perfecto para recordar que el aprendizaje se produce como el enamoramiento, con emoción que deberíamos ser capaz de preservar y facilitar cada día en nuestros niños.


Os dejo aquí un vídeo cortito de Francisco Mora, Doctor en Neurociencias y Medicina que lo explica muy muy bien.

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