Ser mejores para educar

Ser mejores para educar

Me llama la atención la oferta de cursos para educar que hay “Aprende a poner límites a tu hijo” “Educa en disciplina positiva” “Ayúdale a gestionar sus emociones”. Todas estas formaciones tienen en común una supuesta verdad, los niños son imperfectos y por tanto deben ser reconducidos por unos adultos supuestamente en el culmen de la perfección.

Por mucho que me guste Serrat no puedo estar de acuerdo con aquella canción de Esos locos bajitos donde decía “que por su bien hay que domesticar” pues si hay algo que no debería fomentarse en un niño es el adiestramiento y sin embargo todo lo que nos rodea va en esa línea incluso lo relacionado con la supuesta crianza respetuosa.

Lo que se nos olvida es que nuestros hijos vienen programados para ser copias, mejoradas o no, de nosotros mismos. Se nos parecen físicamente o a alguien de la familia. Tienen muchos defectos o virtudes heredadas. Incluso la forma de hablar es en ocasiones una copia de nuestros progenitores. Y cuanto más pasa el tiempo más se nos parecen. Ese “Uy cómo se te parece” de bebés debería ir acompañado de “Y lo que se te parecerá”.

Puedo encontrar en cada uno de mis dos hijos al menos un par de defectos y virtudes mías.

Pero además es más importante el modelo que damos de una forma inconsciente. No el de me voy a lavar los dientes o voy a leer para ser modelo, si no el de ¿cómo trato a mis amigos? ¿cómo tengo mi autoestima? ¿cómo soy de respetuoso? ¿escucho cuando otro habla? ¿vengo enfadado del trabajo siempre? ¿me ve llorar y luego recomponerme? Esas cosas que somos nosotros mismos también son modelo y el negativo de ese espejo en el que se miran nuestros hijos.

¿Cómo podrá un niño encontrar seguridad si sus modelos no la tienen? ¿Cómo podrá tener noción de justicia si no somos justos con los que nos rodean?

Afortunadamente la adolescencia se ocupa de ajustar alguna de estas cosas y nuestros hijos dejan de ser copias exactas, pero atención que la infancia es crucial para entre otras cosas el desarrollo de la moral.

Por eso creo que deberíamos cambiar el foco y llevarlo del niño a nuestro interior e intentar ser mejores. Cada pequeña reflexión y cambio en cada adulto al lado de un niño tiene un efecto inmediato, recordad que ellos nos miran todo el tiempo. Y no hablo solo de padres, aquí entran también los educadores.

Ser mejores para educar puede ser un camino para intentar dejar de exigir cambios en nuestros hijos y comenzar a ser un espejo, sin olvidar que los espejos siempre funcionan reflejando la luz.

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